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sábado, 19 de febrero de 2011

Administradores o políticos, ¿ quién tiene la razón?

Woodrow Wilson nació en 1856, fue el vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos, ganó el premio Nobel de la paz (un tipo que apoyaba al Ku Klux Klan) y entre otras cosas fue un notable académico. En realidad nos interesa hablar de el, ya que en sus tiempos académicos formulo aquella famosa dicotomía que hoy conocemos como dicotomía wilsoniana, en la cual de manera concreta señalaba que existía una distinción nítida entre el mundo administrativo (técnico, neutral y estructurado) y el mundo político (conflictos, discusiones e ideas). Esta discusión ha generado una serie de posturas y planteamientos que son muy interesantes, ¿ es cierta esta dicotomía?, ¿ es posible separar una de la otra?, ¿ es mejor estar rodeado de administradores y dejar a un lado los políticos, o viceversa?.

De entrada creo que no existe como tal dicha dicotomía, en teoría suena bien hablar que tenemos un órgano administrativo que no permite que los políticos se inmiscuyan en el, pero cuando observamos la realidad, veremos que tenemos administraciones publicas donde los  administradores hacen política en detrimento de los políticos, y donde los políticos intentan administrar en sustitución de los administradores. Mas allá de lo que señalaba Wilson, considero que la separación  entre los creadores de las políticas y los que las ejecutan es una separación natural burocrática, fundamentada en el principio weberiano de autoridad y operacionalidad y que además es sumamente difícil distinguir donde comienza uno y termina otro, ya que para diseñar correctamente una política, debemos considerar la correcta operacionalidad así como también tener en cuenta los impactos políticos de dicha política. En resumen, no existe tal separación, el fenómeno va mas allá y trataremos de explicarlo.

A todos nos queda claro que las ciencias sociales son multicausales y no se pueden estudiar solo desde una óptica, debemos salirnos de la primera fila del teatro, e irnos a la ultima donde podremos observar de una mejor manera la función. En los últimos años a raíz del aparente éxito del Thatcherismo y todas esas corrientes neoliberales gerencialistas impulsadas para no decir impuestas, que políticamente suena peor,  ha surgido un boom de management en la administración publica, nos leemos los libros de Osborne y Barzelay como si fueran una revista de espectáculos, y creemos firmemente en sus postulados como si fueran la panacea de la administración publica, hemos corrido demasiado rápido hacía una dirección que nos ofrece buena teoría, pero que desconoce la esencia de la administración publica desde un contexto global y no funcional.

Uno de los tantos lemas que nos venden las corrientes administrativas neoliberales, es que el gobierno debe ser administrado como las empresas, que debemos copiar el éxito arrollador del sector privado, y que si no podemos nos quitemos y dejemos que ellos lo hagan, que nosotros no sabemos hacer nada. En mi tesis señalaba que es un error poner en un mismo escalón el gobierno y al sector privado, es verdad que existen casos exitosos y estrategias muy útiles de algunas empresas que deben ser aplicados en la administración publica, pero querer sustituir todo, como si se tratara de una receta de cocina generara una aun mayor crisis de valores y sentido en la administración publica, si en esta receta sumamos que existen políticos sin ideas que dan lo que sea por tener una bandera, tenemos la receta perfecta para una desinstitucionalización de la administración publica. El gobierno no es una tienda departamental, la principal función de un gobierno no es prestar servicios (que además debería ser un valor entendido), sino generar seguridad en su contexto más amplio hacia sus ciudadanos.

Platon decía en su obra la República, que para poder tener un gobierno superior y casi perfecto, deberíamos tener profesores que transmitieran esa perfección a sus alumnos; Aristóteles que además parece un poco más centrado, se cuestionaba que si quién iba a educar a aquellos que hoy estaban educando, digo esto porque considero que en las universidades a nivel global hay una tendencia hacia dos tipos de profesores, los cuales de un modo didáctico los denominaré los profesores platónicos y los profesores aristotélicos. Los profesores platónicos son aquellos académicos en su totalidad que aun creen en los reyes magos, y nos pintan un mundo en las aulas que solo existe en su imaginación, hablan del gobierno como si su campo de batalla hubiera sido un despacho gubernamental y no una oficina de una facultad, no digo que desmerezca, lo que digo es que en muchas ocasiones es una visión romántica (ojo que en el romanticismo también hay tragedia) y un poco alejada de la realidad, Mintzberg en su libro managers no MBAs, hace una critica hacia el producto de este tipo de enseñanza. Por otra parte están los profesores aristotélicos en un sentido pragmático, los cuales no creen en nada a menos que pueda ser comprobable en términos políticos, han perdido un poco la esperanza por generar conocimiento y se han visto atemorizados por una realidad que en ocasiones es agobiante. Creo que ese es el panorama actual, y eso se ha traducido en una sociedad polarizada, donde por un lado tenemos estos nuevos MBAs y por el otro una visión pragmática y cuadrada que todo lo sintetiza en un ámbito político.

En un próximo articulo que publicaré tocaré el tema del intercambio generacional, si realmente existe como tal y si es necesario, o si lo que existe solamente es una generación de intercambio que busca ocupar los mismos puestos, con un discurso adornado pero con las mismas practicas anquilosadas (ojo que la madurez no tiene nada que ver con la edad, pero tampoco la frescura). En conclusión, creo que no existe como tal dicha separación, y al contrario, cada vez mas se unen en una postura que es difícil distinguir donde comienzan unos y terminan los otros, como señalaba anteriormente los fenómenos sociales son multicausales, y debemos aprender a convivir con esas diferencias con tal de llegar a acuerdos, ya lo decía Pericles cuando señalaba que la discusión no es una piedra en el camino, sino el paso necesario que hay que tomar para llegar a acuerdos, la administración publica que necesitamos, es aquella que entiende y reconoce la existencia de estas dos posturas, y que durante un análisis dialéctico saca las mejores conclusiones, no solo aquellas administrativamente funcionales pero que políticamente son desastrosas, ni aquellas que son políticamente tentadoras pero que adolecen de una aplicación administrativa, sino aquellas que pueden coexistir entre ambas posturas que nos han polarizado, cuando lo que tenían que haber logrado era dar mayor legitimidad al gobierno en la toma de decisiones, necesitamos aprender a convivir en una sociedad polarizada y de conflicto, el conflicto no es malo cuando de el se extraen conclusiones, es malo cuando es tan polarizado que no nos permite ver más allá de nuestra postura.

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