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martes, 23 de agosto de 2011

La crisis es del corazón


Es difícil no rendirse a la evidencia que la sociedad contemporánea esta cada vez mas carente de principios y valores. Difícilmente encontraremos una respuesta que pueda sustituir a tener una relación cercana, personal y real con Dios.

Se que para algunos esta perspectiva puede resultar un tanto anticuada y moralista, por lo que para fortalece mi argumento tendré que recurrir a la ayuda de mi viejo amigo Weber. 

Para Weber la ética protestante (religiosa si quieren)es uno de los fundamentos principales que permite el correcto desarrollo tanto de la burocracia, como del capitalismo. Estos fundamentos éticos son demostrables a través de las relaciones cotidianas, dando testimonio de lo que Calvino consideraba como la predestinación de las personas.  En otras palabras, no bastaba solo con tener una fe, sino que esta fe debía ser contrastada.  Weber consideraba que la ética de los grupos protestantes, permitía que el libre juego de la oferte y la demanda, se mantuviese ajeno a practicas desales con un afán acaparador de riquezas, y que estas prácticas, acompañadas de un sistema legal-racional, generarían un fenómeno que sería denominado como  racionalización instrumental. En resumen, el que todos los grupos tuvieran un objetivo en común, permitiría que las practicas llevadas a cabo, pudieran explicarse a través de procedimientos, generando esta instrumentalización de la vida en sociedad, un correcto desarrollo en las sociedades modernas.

Parece que el modelo descrito por Weber, ha sufrido cambios en el trayecto. Tanto el mercado como los gobiernos han continuado el desarrollo previsto, pero dejando en el camino los fundamentos éticos, que servirían como elemento cohesionador durante este proceso.

Vayamos por partes, si analizamos la construcción histórica de algunas de las principales potencias mundiales como son los Estados Unidos, Alemania, Suiza, el Reino Unido o los países escandinavos, nos daremos cuenta que son países fundados bajo estrictos principios morales y religiosos, pero que con el paso de los años, estos principios han sido sustituidos por concepciones que buscan exaltar la imagen del individuo, antes de la idea del grupo.

El documental Inside Job narra los sucesos que dieron como consecuencia la crisis mundial del 2008, crisis atribuible a la avaricia y al deseo de riquezas, que desencadenaron en el resquebrajamiento del sistema económico mundial. Pero no nos equivoquemos, esta crisis no comenzó en Wall Street, está crisis comienza cuando se sustituyen los principios de Dios en la sociedad, y se busca alcanzar la felicidad a través de las posesiones materiales, generando este proceso un permanente sentido de inconformidad, bajo la concepción errónea, que el vacío natural en el corazón del hombre, puede ser llenado por medio de las riquezas; como hemos podido darnos cuenta, esto genera un círculos vicioso interminable.

Pero hoy no quiero hablarles de los mercados, suficiente literatura hay al respecto, hoy quiero hablarles de los otros dos actores que casi siempre quedan olvidados, hoy quiero hablarles de la sociedad civil y del Estado.  Antes que continúes leyendo, quiero advertirte que si esperas encontrar que la culpa de la crisis mundial, está en los errores de los demás, es mejor que dejes de leer en este momento. Hoy quiero que nos miremos en el espejo y tratemos de encontrar las respuestas a las preguntas que nos hacemos día con día.

Reflexionando sobre el papel del gobierno, no cabe duda que los gobiernos mundiales han perdido rumbo y dirección tratando de introducir mecanismos de mercado en sus actuaciones, olvidando, como decían Denhart y Denhart, que su principal labor no es generar ganancias, sino construir democracias. Con esto no estoy diciendo que los gobiernos no deban preocuparse por mejorar su rendimiento, que por cierto debería ser un factor entendido y no la piedra angular de ningún proyecto, lo que digo es que la labor que realiza el Estado, difícilmente podrá ser entendida por los fundamentos del mercado.

El Estado tiene un función cargada de principios éticos y morales que van más allá de la simple provisión de servicios públicos; el Estado debe ser un generador de bienestar para sus habitantes; el gobierno tiene la función de establecer un sistema de valores que regulen la vida en sociedad; el gobierno tiene la obligación de subsanar las desigualdades que genera el mercado, mediante la protección de los grupos más desfavorecidos; el gobierno tiene la obligación de velar por sus habitantes, cuidarlos, protegerlos y defenderlos, cuando las circunstancias resultan adversas. No busquemos las respuestas a las preguntas sobre la función del gobierno en el mercado, no busquemos sustituir con fundamentos matemáticos principios éticos, si el gobierno sigue buscando respuestas en los mercados, continuaremos construyendo sociedades egoístas y cada vez más desiguales; no hablamos de un proceso de selección natural, no busquemos que el fuerte se coma al débil, el Estado debe generar oportunidades para que el débil pueda fortalecerse, y disfrutar una vida buena y agradable en sociedad.

Pero tampoco nos olvidamos del papel de la sociedad civil. La sociedad también ha perdido rumbo, acercándose peligrosamente a una sociedad civil en términos marxistas, y no a una sociedad que se preocupe por el bienestar de los demás. Seamos sinceros por un momento, ¿realmente existe una sociedad que se de la mano entre sí?, ¿alguien tiene la certeza que ante cualquier adversidad, la sociedad se preocuparía por el prójimo y le tendería la mano?. Yo no voy a responder esto, cada quien que forme sus conclusiones, pero sería difícil negar en los hechos que las sociedades se dirigen a una mayor diferenciación entre sí, y que de acuerdo a la teoría de sistemas de Parsons y Luhman, la exaltación del yo genera sociedades menos homogéneas, más individualizadas y que solo interactúan cuando reconocen la necesidad del otro para la consecución de sus fines, el panorama de seguir por este camino, no es nada alentador.

¿A qué podemos atribuir esta perdida de valores?, parece ser que hay muchas respuestas. Algunos podrán atribuirlo a una sobre exaltación del individuo, otros al aumento de las relaciones comerciales e individuales que vienen de la mano con la globalización, o tal vez a la adopción de visiones materialistas fundamentadas en principios absurdos, tendientes a asignar valor dependiendo de las posesiones materiales, y quizás haya otros que atribuyan esto, al papel pasivo de una iglesia mas preocupada por mantener sus beneficios, que de predicarle al mundo de un Dios vivo y real. Mientras nos hacemos más preguntas, el mundo sigue buscando respuestas.

Si nos preguntamos que buscan todos los seres humanos, más allá de las diversas respuestas que podremos encontrar, creo que coincidiremos en que todos buscamos alcanzar la felicidad, sin embargo, el pensar que todos los caminos nos llevan al mismo lugar, genera una serie de respuestas erróneas, que llevan al hombre a sentirse insatisfecho, cuando al alcanzar aquello que en su percepción era la felicidad, esta no logra satisfacerlo del todo.

Parece que en el afán de construir casas más bonitas, nos hemos olvidado de construir verdaderos hogares; da la impresión que en la búsqueda por mejorar las vías de comunicación, hayamos dejado en el camino, como construir relaciones. En la búsqueda de nuestra felicidad, nos hemos olvidado que existen los demás; nos hemos olvidado de la viuda, del huérfano, del que está desamparado. Nos hemos preocupado por tener tres carros, dos casas, una cuenta abundante en el banco y llevar la ropa de moda, pero al mismo tiempo nos olvidamos de disfrutar de la familia, de pasar tiempo con las personas que amamos, de valorar las cosas que Dios nos da día con día, de percibir lo verdaderamente importante, aquellas cosas que son tan valiosas, que no se pueden comprar con dinero.

Montesquieu decía que queremos ser más felices que los demás, pero que difícilmente lo lograremos por que tenemos la tendencia a imaginar a los demás más felices de lo que son en realidad. No digo que no nos esforcemos por tener mejores cosas, lo que digo es que no podemos determinar nuestra felicidad en las cosas que tenemos. Si no podemos disfrutar un pedazo de pan, ¿cómo podremos saborear un trozo de carne?, ¿cuánto vale un minuto con la gente que amamos?, ¿cómo cuantificamos un momento en la presencia de Dios?, ¿cuánto valor le das ver un niño o un anciano sonreír?, ¿cuánto cuesta tener paz en el corazón?. No te preocupes por tratar de encontrar una respuesta, te la digo yo, lo vale todo, y al mismo tiempo, paradójicamente, no cuesta nada. Dejemos ya de exaltar a las personas que tienen posesiones materiales, mientras juzgamos y criticamos al que es capaz de comprometerse a vivir una vida integra para con Dios y con los suyos, dejemos de tratar de alcanzar la felicidad acorde a lo que el mundo nos dice, estoy convencido que cuando lo logres, si es que algún día lo logras, te sentirás más vacío que al principio.

Concluyo diciendo, podemos consultar libros, leer publicaciones de premios nobel, adquirir conocimiento, escuchar discursos de políticos y leer libros de autoayuda, te puedo asegurar que en ningún lado vas a encontrar la respuesta. Tampoco tratemos de poner nuestra confianza en lo que harán los políticos mañana, te puedo asegurar que están igual o más confundidos que nosotros. Y al final, todos los caminos nos conducen a un mismo lugar, que curioso que mientras el mundo se plantea preguntas interminables, la única respuesta sigue estando en ese mismo lugar, en ese mismo monte y en esa misma cruz. En aquel hombre que hace más de dos mil años murió por amor a nosotros, dilo fuerte, dilo claro, en Jesús. Ya basta de callarnos, ya basta de ocultar nuestra fe, si algo puedo asegurar sin reticencias, es que el mundo necesita de Cristo, ya los gobiernos, sociedades y mercados han probado de todo, y en ningún lugar han encontrado las respuestas; es tan divertido ver como los científicos siguen buscando soluciones aún debajo de las piedras, generando en el proceso doctrinas cada vez más confusas, que ni siquiera ellos son capaces de aplicar, y que solo buscan ocultar la desesperación ante la impotencia de no saber explicar porque acontecen las cosas. Como nunca antes en la historia de la humanidad, se hace vigente el discurso de aquel que probó ser el camino, la verdad y la vida. 

Y mientras los minutos pasan, el mundo necesita desesperadamente las respuestas que solo pueden encontrarse bajo las alas de Dios. Si tu las has encontrado no te calles, y si aún no lo has hecho no se que estas esperando, estoy seguro que tu mundo te lo agradecerá, en esta vida, o en la eternidad…

lunes, 1 de agosto de 2011

La lejanía de los políticos

Como todo buen mexicano debo confesarme aficionado del fútbol. La verdad desconozco porque a los mexicanos nos gusta tanto este deporte para el cual sinceramente no somos nada extraordinarios, sin embargo así es el mexicano, raro, enigmático, especial.

Hace aproximadamente un año tuve la oportunidad que un buen amigo me llevara a conocer en persona las instalaciones del Real Madrid y poder conocer durante aproximadamente dos horas a los mejores jugadores del mundo. Obviamente me encontraba un poco nervioso, no es algo común ni cotidiano poder platicar con Kaka, Casillas, Ronaldo o Xabi Alonso por citar solo a algunos de los que se encontraban presentes, sin embargo poco me duró el encanto. Lo cierto es que después de convivir con ellos durante aproximadamente dos horas salí de ese lugar mas lleno de dudas y reflexiones que de experiencias y emociones. Esta lejanía la cual debe motivarse también a que no soy seguidor del Real Madrid, se incrementó cuando al momento de salir pude ver filas de cientos de personas que tenían cerca de 3 horas esperando poder ver a través de un vidrio a sus héroes, muchos de los cuales ni siquiera se detenían 3 segundos en darles la mano ya no digamos en tomarse una foto.

Pero digamos que esto podemos esperarlo en un futbolista, muchos de ellos se hicieron famosos de la noche a la mañana, muchos inclusive no tienen siquiera estudios básicos, y otros tanto ni siquiera son consciente del grado de fanatismo que sienten las personas por ellos. Pero que ha pasado con nuestros políticos, ¿por que en México la clase política está tan alejada de la sociedad?, ¿en que momento los políticos se volvieron inalcanzables?, ¿cuando perdieron el contacto con la realidad y empezaron a vivir en un mundo de fantasía totalmente alejados de la población?.

Hace unos meses cuando veía al presidente Calderon iniciar los diálogos por la nación sentí por primera vez admiración por el, y esta admiración no fue por los puentes ni las carreteras que ha hecho, ni siquiera por la publicidad exagerado del bicentenario, ni siquiera lo había sentido cuando decidió iniciar la lucha contra el narcotráfico, no, mi admiración surgió por vez primera cuando lo escuche pedir perdón por los errores que ha cometido, una simple frase que me permitió ver al hombre y no al personaje, lo pude sentir cercano, real, sincero, común y corriente, no como parte de una clase rara e inalcanzable, sino como un tipo común que había tenido la gran fortuna de ser Presidente de los mexicanos. Estoy convencido que en los próximos años veremos un cambio radical en la actitud de la clase política, una clase política que de seguir en la misma linea estará destinada al fracaso.

Creo que los políticos han cometido el grave error de despegar los pies del suelo y de alejarse peligrosamente de la realidad del mexicano de a pie. Solo basta escuchar algunas declaraciones sobre el crecimiento del país, o escuchar alguna rueda de prensa donde se pregona con total cinismo que se le esta ganando a la pobreza, o inclusive hablar del salario mínimo con tal desfachatez que en ocasiones sorprende y lastima. No se si alguna vez se lo han preguntado, pero cuando escucho a algunos políticos me pregunto, ¿de verdad creen lo que están diciendo?, ¿de verdad son conscientes de sus palabras? o es que acaso han creado un mundo tan lejano en el cual su única realidad es la que ellos han creado.

El problema de esta situación es el cansancio social. Durante muchos años esto no fue problema, por que aquella sociedad civil que magistralmente describe Hegel, había estado callada, pero si observamos a nivel mundial en los últimos años ha habido un despertar de una sociedad cada vez mas inconforme con la fantasía en la que vive la clase gobernante, parece que las campanas francesas de finales del siglo XVIII retumban buscando cabezas que rueden y nuevas épocas que comiencen. 

Hoy que lei las previsiones del gobierno federal de crecimiento cercanas al 5 por ciento, me acorde de una nota que leí hace unos días donde se señalaba que aproximadamente la mitad de los mexicanos vive en pobreza, y un gran porcentaje padece pobreza alimentaria, una pobreza que lastima no solo al que la padece, sino a todos los mexicanos. Por un momento me imagine al señor que se levanta a las cinco de la mañana y que se duerme a las doce de la noche con tal de darle una mejor vida a sus familias escuchando las cifras de crecimiento del gobierno, de verdad a alguien le importa cuanto crece el país?, por eso no es raro ver que los jóvenes buscan en personas erróneas esos modelos y patrones de conducta que no pueden ver en aquellos que los gobiernan, políticos lejanos, ciudadanos confundidos.

Y mientras vivamos en ese México de mentiras, las personas se seguirán preguntando el porque de la lejanía de los políticos....

lunes, 20 de junio de 2011

Tabasco: Rumbo a una nueva gobernanza como factor de unidad


En los últimos años las sociedades occidentales han enfrentado múltiples cambios, hemos transcurrido épocas en las que el Estado emergía como agente primario  y principal decisor de la agenda, hacia otras en las que el mercado era quien tenia el control de los tiempos. Si observamos la evolución y el juego que han tenido los tres principales actores, estado, mercado y sociedad civil, nos daremos cuenta que ha estado marcado por tiempos de crisis y oportunidad. Después de finales de la década de los veinte y en medio de un periodo de crisis, el estado ocupo el papel principal como factor de progreso y desarrollo económico a través de políticas intervencionistas, dicho papel se mantuvo hasta la década de los setenta cuando en medio de otra crisis, fue necesario girar hacia un nuevo paradigma en el cual el Estado no ocupaba ya el rol principal, era necesario hacer un viraje hacia el mercado. Dicho papel se mantuvo intacto hasta finales del 2008, cuando en medio de otra crisis, fue necesario buscar una nueva respuesta hacia los problemas que enfrentaba y enfrenta aun la economía mundial.

A diferencia de la década de los veinte y de los setenta donde se podría vislumbrar fácilmente el rumbo que iba seguirse, en la actualidad exista cierta incertidumbre hacia donde debe virar la humanidad, y es en medio de esta serie de inquietudes que emerge con mas fuerza un concepto, que si bien es cierto ha experimentado una mayor notoriedad en el ultimo lustro, ha existido desde mucho tiempo atrás, vivimos pues en tiempos que ameritan, una nueva gobernanza.

Si bien en la actualidad el termino gobernanza suele considerarse como una traducción del anglicismo governance, el concepto como tal ha existido desde siempre en el castellano, tanto así que en el 2001 la Real Academia Española la definió como “ arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”(Aguilar, 2010; Ferraro, 2009).

De manera generalizada, el termino gobernanza comienza a utilizarse a raíz de un trabajo de 1989 realizado por el Banco Mundial sobre “El África Subsahariana: de la crisis al desarrollo sustentable”, en el cual se señalaba a la incapacidad del gobierno como el factor que imposibilitaba el desarrollo, por lo cual era necesaria la adopción de una nueva manera de gobernar, una nueva gobernanza (Aguilar, 2010; Ferraro, 2009). Sin embargo en el ámbito académico emerge como resultado del libro coordinado por Jan Kooiman “Modern Governance: New Government-Society Interactions” en el cual se aborda por primera vez las dificultades que representa el gobernar para el gobierno, y su incapacidad en solitario, de resolver problemas que afectan a la sociedad. La importancia del surgimiento de la gobernanza, estriba en que es necesaria una mayor y mejor coordinación entre los diversos actores sociales, ya que ante la imposibilidad coercitiva de establecer la agenda, el dialogo y la negociación se vuelven valores imperativos y ya no, opcionales. En este nuevo enfoque, la manera de gobernar se diferencia del modelo de control jerárquico, adoptando una postura mas cooperativa entre los diversos participantes, lo que garantiza un dialogo y un mayor consenso en la toma de decisiones (Mayntz, 1998).

La evolución de la gobernanza en los últimos años, ha sido para Pierre y Peters (2000), motivada por tres razones fundamentales: la necesidad de la introducción de actores diferentes al Estado en la prestación de servicios, lo que ha permitido mantener a pesar de los recortes la provisión de los principales servicios públicos; una mayor participación en la construcción y conducción social, y finalmente por la legitimación en la prestación de los servicios por parte de terceros diferentes al Estado. Además de esto, factores como la globalización, la reducción del aparato estatal así como un aumento en el grado de responsabilidad social, han permitido que este nuevo paradigma no solo sea aceptado, sino además tenga un alto grado de legitimidad como el camino ha seguir para la construcción de sociedades más justas.

Uno de los puntos mas importantes dentro del debate sobre la gobernanza, radica en el papel que desempeña el Estado. Si bien algunos autores señalan que en este nueva realidad el Estado ha perdido poder (Cerillo, 2010), cabe mencionar que la postura que se tiene sobre el concepto en sí, está determinado por la realidad y construcción histórica de cada Estado, es decir, en aquellos Estados donde de manera preponderante el gobierno ha ocupado un rol absoluto, se tendrá la tendencia a asignar a este actor un papel sino mayor, si más decisivo. Por otra parte en aquellas sociedades donde no es tan fácil vislumbrar a primera vista un gobierno fuerte, la posición que se le dará a este actor, será en igual circunstancia que a los demás actores. En consecuencia a esto, autores como Rhodes (1997) señalan que el gobierno ha perdido toda la capacidad que tenía para gobernar y que la gobernanza es el producto de redes autoorganizadas e interorganizacionales. Por su parte Kooiman (1993) de manera muy precisa nos transmite la idea que la gobernanza, al ser un fenómeno interoganizacional, se entiende mejor desde una perspectiva de co-gestión, co-dirección y co-guía.

Este perspectiva trata de ser matizada por autores como Pierre, Peters y O´toole, quienes consideran que a pesar de la cooperación latente que debe existir entre los diversos actores, el Estado conserva un papel preeminente en la dirección de la sociedad. Al respecto debo precisar, que una postura no está contrapuesta con la otra, ya que en ningún momento Kooiman quita al Estado ese papel coordinador, sino que reconociéndolo, argumenta que este por si solo sería insuficiente sin la participación en igual forma de los demás actores. Como señalaba en un principio, estas posturas están más condicionadas por el papel que tienen los gobiernos en cada uno de los países de los autores, no es lo mismo hablar del poder de gobiernos como el norteamericano a compararlo con países como Holanda o Bélgica, que a una divergencia en la gobernanza como concepto. De cualquier forma, en ninguna de las dos posiciones se reduce al Estado sino al contrario, con el enfoque de la gobernanza se busca retomar ese papel de coordinador y garante que había perdido con las reformas neoliberales de inicios de los ochenta y que busca re dotarlo de las herramientas básicas que había perdido, pero sin caer en ese ente sobredimensionado que llego a ser a mediados del siglo XX. Es pues el Estado un actor fundamental, ya que además de tener un papel similar al mercado o a la sociedad civil, debe ser quien genere las condiciones propicias para que ese dialogo pueda darse, pero entendiendo además, que este dialogo también puede ser iniciado por los demás actores, sin que esto nos haga dudar de la validez del proceso, ya que sino caeríamos nuevamente a una discusión estéril sobre la gobernabilidad y si esta es producto solo de un buen gobierno, o si la sociedad también tiene o adolece de una disposición a la cooperación y al orden. Esta discusión podría representarse como una carrera de relevos, donde cada uno está obligado a correr cierto tramo, y aunque en esencia la distancia a transitar es la misma, las características que se requieren de cada corredor para recorrer cada trayecto son distintas, lo cual no hace que uno sea superior al otro, sino que simplemente se reconoce, acepta y da valor a cada una de sus diferencias.

En resumen, la gobernanza nos plantea un enfoque de dialogo, en el cual se reconocen igualdad de circunstancias, y donde se parte de una realidad en la que para poder alcanzar el desarrollo la cooperación es la única vía. De manera más ejemplar asemejaría la gobernanza con la función del cuerpo humano, en el cual todos y cada uno de los órganos cumplen una función diferente pero necesaria entre si, y que a pesar de tener cada uno características propias, es en su conjunto donde encuentran el esplendor y su desarrollo máximo. Podemos decir como conclusión, que la única imposición que nos plantea la gobernanza, es la necesidad imperativa del dialogo y la comunicación, por decirlo de otra forma, estamos condenados a entendernos. No hay duda que todo lo que sea en esta dirección representa un avance significativo a la manera en la que se ha venido gobernando en los últimos años.

martes, 7 de junio de 2011

Conclusiones sobre el narcotráfico y el estado benefactor


Conclusiones


Desde que el 1 de Diciembre del 2006 el presidente Calderón iniciara la lucha contra el narcotráfico las cifras son alarmantes: en cuatro años de su administración han muerto 34,612 personas, existen más de 120,000 desplazados por cuestiones relacionadas al narcotráfico, además de que solo durante el ultimo año, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) registró 1613 casos de abusos realizados por las fuerzas armadasaunado a esto, de acuerdo a la ultima encuesta hecha por uno de los diarios de mayor prestigio en México, El Universal, el 28 por ciento de mexicanos culpa al gobierno federal de la violencia que sufre el país, tan solo el 24 por ciento culpa a los grupos criminales y lo que es más lamentable, el 62 por ciento considera que son los narcotraficantes los que están ganando esta lucha contra el narcotráfico, es decir, no solo estamos en una guerra que ha ocasionado mucho daño al país, sino además, la estamos perdiendo.

No hay duda que la decisión del presidente Calderón ha sido firme respecto a la lucha contra los grupos de narcotraficantes, sin embargo cerca de cumplir cinco años de esta guerra y sin resultados alentadores de por medio, es necesario reflexionar y analizar si quizás el problema es que el diagnostico ha sido incorrecto. Tal vez el problema es que nos hemos enfocado en las consecuencias pero hemos olvidado las causas que originan esta situación.

El Estado caro y obsoleto ha sido sustituido por uno joven y especializado, pero ambos han demostrado ser igual de ineficientes, con la diferencia, y continuando con el ejemplo, que el primero al menos servía para disminuir algunas efectos colaterales muy dañinos como es el caso de la pobreza, a diferencia del segundo.

Hoy el debate en algunos países del mundo continua en torno a la figura del Estado de bienestar, vemos ejemplo como el de España donde el paro esta cerca del 20 por ciento, cabe precisar que en el momento de la gran depresión en 1929 el numero de desempleados en los Estados Unidos era de cerca del 25 por ciento, y a pesar de estas cifras que en cualquier país occidental serían sinónimo de crisis y estallido social, la gobernabilidad continua y la mayoría de las personas continúan con una vida más apretada que hace 5 años, pero con una vida digna al final. Probablemente las presiones de organismos externos puedan arrojar que en algunos países donde aún se conservan vestigios de aquel Estado Social desaparezcan, pero valdría la pena analizar y reflexionar fuertemente sobre este punto, por que así como en México el remedio puede ser peor que la enfermedad. Y es que a pesar de lo acertado que pueden ser las cifras y los números, existen intangibles que estos no pueden valorar. Si analizamos las cifras económicas de México podremos pensar que son de éxito, disciplina fiscal, bajo tipo de interés, inflación controlada, deuda mínima, por citar solo algunas que forman parte del recetario del consenso de Washington y que en México se han adoptado a cabalidad, sin embargo, también han llevado de la mano la explosión de fenómenos que pueden considerarse inclusive peores, como son la pobreza, la desigualdad, la desnutrición, el aumento de la economía informal y finalmente la inseguridad. Si sumamos los recortes, el aumento en el gasto en seguridad, así como el gasto en programas sociales inútiles, nos daremos cuenta que los pequeños resultados no compensan todo lo que se ha invertido.

Quiero concluir señalando que no sugiero con esto que debemos regresar a aquellas épocas de gasto desproporcionado y de endeudamiento insostenible. Lo que creo y sostengo es que un gobierno que sea eficaz y efectivo, no está peleado con un gobierno con un alto compromiso social, y es que después de la crisis del 2008, la sociedad ha perdido la confianza en el mercado, por ello el gobierno debe tomar el papel que le corresponde, que aunque en medio de una nueva gobernanza ya no es superior a los otros actores como son el mismo mercado y la sociedad civil, si conserva un papel coordinador que los otros adolecen.

Más allá de opiniones personales, está claro que el desmantelamiento del Estado Benefactor trajo aumentos considerables en los niveles de pobreza, y que de acuerdo a investigaciones hechas por organismos como el Banco mundial o el fondo monetario internacional, es en estas condiciones donde los grupos criminales encuentran el lugar propicio para desarrollarse. Valdría la pena plantearse si después de tanta sangre y tanto dinero gastado, quizás no seria mas conveniente que los gobiernos reflexionaran y redeterminaran la dirección de sus políticas, ante una sociedad que demanda resultados y ante gobiernos que cada vez mas carecen de soluciones.


domingo, 29 de mayo de 2011

El auge del narcotráfico bajo el ocaso del estado benefactor...parte 2


El Estado Benefactor Mexicano

El Estado benefactor sentó en México el marco para el desarrollo de un proyecto económico que pretendía construir consensos y legitimar la actuación de gobiernos de dudosa legitimidad democrática. El proceso que ideológicamente inicia con la promulgación de la Constitución Mexicana de 1917, la primera en proteger derechos sociales en el mundo, se vio interrumpido por la crisis del petróleo en los años setenta y que afectó de manera directa a los países de la región. Como consecuencia de la crisis y de años de malos manejos en los recursos públicos, el Estado inició un proceso de adopción de políticas de corte neoliberal, pasando de ser un estado proteccionista y que tenia como baza el mercado interno, hacía un modelo de crecimiento externo sustentado en la apertura y en la integración comercial.[1]

En un inicio con la salida de la crisis de finales de la década de los veintes, la mayoría de los Estados capitalistas implementaron como políticas anti cíclicas un aumento significativo en las inversiones y el gasto público. En un inicio esta serie de medidas trajo consigo una mejora en la renta y arrojó  una visión mas favorable hacía las acciones del Estado con la sociedad. El principal aporte de esta serie de medidas, fue el reconocimiento de que el Estado tendría un papel económico más activo y que buscaría con una serie de políticas “atenuar las desigualdades sociales provocadas por el funcionamiento del libre mercado”.[2]

Específicamente en México, es en las décadas de 1930 y 1940 que se consolida la participación del Estado. En este periodo, el manejo de los recursos públicos y las decisiones estatales se dirigieron a ampliar las oportunidades de valorización del capital y a lograr cierta justicia social, no solo con una perspectiva puesta en cuestiones éticas sino con el entendido que este mejoramiento en el nivel de vida, eran la base de la estabilidad social y la construcción del capitalismo mexicano. Este papel más activo y resolutivo trajo como consecuencia que las estructuras estatales fueran en aumento, lo que en su momento fue determinante ya que en la ausencia de un capital privado que participara de manera activa, fue el Estado quien se erigió como un actor clave en la determinación del rumbo económico del país.

Estas medidas implantadas por el gobierno mexicano, tuvieron como consecuencia en un inicio que las finanzas publicas se vieran deterioradas, sin embargo en el caso mexicano y a diferencia de otras naciones, los beneficios obtenidos en términos de crecimiento permitieron justificar la socialización de los costos presupuestales del progreso. Además, que gran parte de los costos pudieron atenuarse gracias a condiciones económicas que dieron un relativo margen de maniobra financiera, el hecho que después de la posguerra iniciara una etapa de auge del capitalismo mundial que se manifestó en el crecimiento de la productividad y del consumo de los principales países desarrollados, lo que propició el incremento en los flujos de comercio internacional y permitió la absorción de los excedentes de la producción nacional. Además que de manera interna, se contaba con una situación económica estable: la inflación no representaba ningún problema y la paridad cambiaría favorecía la sobrevaluación del peso, lo que se complementaba con tasas de crecimiento del producto industrial y agrícola superiores al crecimiento de la población[3]

Este fenómeno que incluso llegó a denominarse como el milagro mexicano,  permitía que por una parte se lograran objetivos económicos, y por otra se satisfacían demandas sociales. Esta nueva realidad, se vio reflejada tanto en el aspecto económico, donde el Estado creó condiciones que redujeron los costos de producción de la naciente industria nacional y le aseguró un mercado cautivo, como en términos sociales donde de acuerdo a Loyzaga (2002, 31) “El Estado como promotor de una política social, distribuyó beneficios mínimos entre obreros, campesinos, clases medias y militares; los empresarios de los diversos sectores económicos, de nivel pequeño, mediano y magno, así como las trasnacionales obtuvieron sus respectivos y diferentes beneficios”. Finalmente en la arena política, este corporativismo de Estado como fue bautizado (Schmitter, 1999; Aguilar, 1997: 154), se asentó en coaliciones distributivas que fueron la base de la estabilidad política. Sin embargo y a diferencia de los países europeos, la existencia de un solo partido político, no permitió que esta serie de prerrogativas alcanzaran el carácter de derechos sociales, sino que eran tenidas como dadivas del gobernante, lo que hacía que su distribución no estuviera sustentada en principios de justicia, sino en cuestiones políticas, lo que al final generaba una mayor dependencia entre las partes y la existencia de un circulo vicioso que trajo resultados negativos para ambos, ya que por un lado la sociedad se hacía dependiente aumentando las demandas en un aparato estatal que tenía que aumentar su tamaño para poder responder a la sociedad, que desincentivaba la participación de capital privado y extranjero, que recurría al endeudamiento como manera de hacer frente al gasto y que finalmente, veía innecesario establecer las demandas sociales en textos constitucionales y que seguían formando solo parte de la costumbre con los problemas que esto representa.

De acuerdo con Vázquez,[4] el Estado benefactor en México estaba influenciado por cinco partes: a)las teorías del desarrollo europeo de los años cincuenta en las que se veía al desarrollo como un proceso automático siempre que estuvieran presentes o se satisficieran algunos requisitos como es la infraestructura social; b) la influencia nacionalista y popular de esa misma época; c)el modelo alemán de gasto social, reflejados en las ideas de Bismark del seguro social, y en la perspectiva de la Republica de Weimar donde el Estado ocupaba un papel fundamental como juez en cuestiones de índole laboral incluyendo una profunda reforma en los derechos laborales; d)el modelo de beveridge a través de la implementación de políticas de bienestar universales y por ultimo; e) la teoría intervencionista keynesiana, lo que justificó un mayor gasto estatal destinado a la inversión para incrementar la demanda agregada.

Un punto a criticar respecto a la manera que se desarrollo el Estado Benefactor en México fue que no logró integrar doctrinas avanzadas sobre el bienestar, por ejemplo, se renunció al enfoque redistribuidor del gasto público planteado por Titmus en Inglaterra y a la provisión de bienestar como un derecho ciudadano.[5]

Las cuatro décadas de expansión del capitalismo mundial de los años treinta a finales de la década de 1970, en las que las empresas florecieron y las sociedades en su conjunto accedieron, a grados de bienestar superiores a los de periodos previos, se agotarían. La crisis de productividad que se había incubado en las economías occidentales y el agotamiento de la estrategia de sustitución de importaciones en los países en desarrollo trajo como consecuencia una grave crisis mundial que se vería agravada en el caso mexicano por el resquebrajamiento del régimen de paridades fijas, que trajo como consecuencia un aumento significativo en las tasas de interés y que en los países que habían contraído deuda, como el caso de México, se produjera un severo desorden financiero que el Estado fue incapaz de poder hacer frente. Esto generó que todas las miradas fueran puestas en el gobierno como eje central de la crisis lo que desemboco en una cada vez mayor insatisfacción respecto a su desempeño y preparó el terreno para la avanzada de las posiciones políticas y económicas de índole neoliberal.

El movimiento neoliberal no solo trajo consigo una serie de practicas económicas, sino también políticas e ideológicas. En éstas, la libre competencia sirve tanto para expandir la esfera de las libertades políticas y económicas de los ciudadanos, como para estimular la creatividad, la innovación, el progreso técnico y el desarrollo económico, y toda intromisión que perturbe el ajuste del mercado, eliminará la eficiencia económica de las sociedades. Esta revolución ideológica encontró en la década de los ochentas el momento idóneo para desarrollarse, con toda las miradas puestas en la labor del gobierno, fue solo cuestión de tiempo para que se incrustaran en el discurso del político mexicano.  

No pretendo ocultar la difícil situación que vivía el país, México se encontraba inmerso en una situación en la que se tenía que lidiar con la vulnerabilidad externa de los países en desarrollo, el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, la critica a la acción del gobierno, el aumento de la inflación y los problemas en las finanza publicas, pero tampoco podemos negar, que en muchos casos, fue peor el remedio que la enfermedad.

La discusión política de los años ochenta, no estaba en que modelo habría que implementar, sino cuando debería implementarse el modelo neoliberal. Estos neoliberales, que en México serían conocidos como tecnócratas[6], al momento de llegar al poder articularon una campaña encaminada a mostrar que los problemas económicos generados por el endeudamiento y la crisis de la balanza de pagos se debían de manera casi exclusiva a la mala administración económica del Estado.

De acuerdo con Huerta (2005) en México se siguieron dos principios aplicados de forma paralela: por una parte la exigencia de instituir una nueva relación entre los sectores público y privado, promoviendo la especialización estatal en las funciones y tareas para una intervención pública correcta y por otra la reducción del tamaño de la estructura de gestión pública que hiciera de la misma un modelo de eficiencia y eficacia, recurriendo tanto a la exoprivatización como a la endoprivatización.

Esta serie de medidas en la practica trajo consigo la cancelación de programas destinados a rubros vitales como son la educación, vivienda, salud y trabajo, entre otros. Lo que se buscaba era reducir al mínimo la participación del Estado para descansar en el mercado quien a partir de ese momento y en exclusiva, se encargaría de los procesos económicos, de la producción y la distribución. Como consecuencia de estas medidas, se dieron resultados esperados como fue la reducción del déficit público de 41.4% del PIB en 1983 a 27.7% en 1991. Pero lo anterior no se debió a lo exitoso de la política neoliberal, sino a un simple ajuste lógico derivado por la cancelación de programas sociales de educación y salud, con el redimensionamiento de la administración pública y con la eliminación de subsidios al campo y al sector productivo.[7]Este es uno de los efectos colaterales de las políticas neoliberales, similar a las letras pequeñas en los contratos y que deberían leerse muchas veces antes de firmar, el Estado debía recortar al máximo sin importar si en el camino se veían mermados aquellos sectores de la población que casi siempre resultan ser los más afectados por los cambios en los modelos económicos.

De manera especial para efectos de este trabajo, resulta importante notar el aumento significativo en la pobreza en México, ya que si entre 1968 y 1991 la misma se había reducido, para el 2000 "la pobreza afectaba a 41.1% de la población, tan sólo 1.4 puntos porcentuales por debajo de 1968 pero muy por arriba de los de 1981, 20 años antes".[8]Estos datos tan alarmantes, pueden confirmarse cuando vemos en México un aumento en la deserción escolar, una mayor desnutrición, una economía informal en aumento, y principalmente una cada vez mayor violencia social y mayores índices de drogadicción.

Para corroborar lo apuntado, solo basta observar el ajuste del gasto neto total del sector público como proporción del Producto Interno Bruto, el cual pasó de 41% en 1982 a 21.8% en el año 2000. También podemos observar, que si bien el déficit económico experimentó una notable mejoría, pasando de 15.9 por ciento del PIB en 1982 al 1.25 por ciento en 1999, el gasto publico en las áreas económicas y sociales también han sufrido modificaciones, pasando de un 50 y 25.4 por ciento respectivamente, en el periodo de 1953 a 1982, a un 31.4 y 52.6 por ciento, durante el gobierno de Ernesto Zedillo. Es curioso observar como el gasto social específicamente en educación, salud y pobreza extrema, aumentó considerablemente pasando de cerca del 15 por ciento en 1987 a más del 40 por ciento en 2002, esto con dos objetivos muy específicos, apoyar la formación de capital humano y ampliar los límites de las relaciones mercantiles mediante la incorporación de grupos excluidos de los mercados, situación que en la practica no ha sido así, ya que la pobreza ha seguido en aumento mientras que los mercados han encontrado en México un lugar idóneo para especular, y es que de acuerdo a Vázquez (2005) “El modelo ha quedado entrampado en la función de estabilidad, la cual se concibe como una condición necesaria aunque no suficiente para el crecimiento económico, pero en este marco macroeconómico los capitales líquidos llegan al país como si se tratara de un casino, aprovechando el comportamiento del precio de los activos financieros para obtener jugosas ganancias, se trasladan de la bolsa, al mercado de deuda y de ahí al mercado de divisas, según convenga”. Hemos desmantelado el Estado benefactor, bajo la promesa de un ciclo económico de bienestar nacional, que hoy más que nunca seguimos esperando en México.


[1] Huerta, M. (2005) “El neoliberalismo y la formación del estado subsidiario”, en Política y Cultura, numero 24.
[2] Armando, A. (1983) "Estado y economía ante la crisis actual en América Latina", Economía de América Latina, núm. 11, México, CIDE, 1983, p. 35
[3] Huerta, M. (2005) “El neoliberalismo y la formación del estado subsidiario”, en Política y Cultura, numero 24.
[4] Vázquez, J. (2005) “Neoliberalismo y estado benefactor, el caso mexicano”, en Revista de la Facultad de Economía, BUAP, Año X, Número 30, Septiembre - Diciembre de 2005
[5] Esto fue así porque no representaba ningún aliciente para los políticos, ya que así podrían seguir distribuyendo los recursos a su voluntad y además hacerlo de manera directa y personalizada lo que representaba un gran aporte electoral, esto sin dejar de lado que la sociedad se encontraba a gusto con esta serie de practicas y un hubo un intento verdadero por revertirlas. 
[6] Bobbio, N. (1986) El futuro de la democracia, México, Fondo de Cultura Económica, p.27.
[7] Guillen, H. (1995) El consenso de Washington en México, en José Luis Calva (coord.), Problemas macroeconómicos de México, UAM, 1995, p. 58.
[8] Damián A. (2003) "Evolución y características de la pobreza en México", Comercio Exterior, vol. 53, junio de 2003, México, p. 523

lunes, 16 de mayo de 2011

El auge del narcotráfico bajo el ocaso del estado benefactor...parte 1

Las ultimas dos décadas para Latinoamérica han sido de avances en muchas áreas, sin embargo, estos avances más allá de políticas estructuradas, han sido esfuerzos aleatorios que han arrojado resultados diversos. En esta realidad de contrastes, dos son los problemas principales que enfrentamos como conjunto: la debilidad del Estado de derecho y los altos índices de pobreza así como la desigual repartición de la riqueza. 

Dentro de ese gran espacio que es Latinoamérica, México ocupa un papel predominante tanto por su extensión y población, como por su importancia geográfica como socio principal de los Estados Unidos en la región. Estos problemas que planteamos al inicio, se han hecho de un espacio dentro del territorio mexicano con un énfasis especial en la falta de seguridad (tanto jurídica como personal) como principal preocupación de los mexicanos.

A pesar de lo asentado que está el fenómeno del narcotráfico en la mentalidad del mexicano, este alcanza su punto neurálgico a partir de la guerra que inicia el presidente Calderón al comienzo de su administración, y que causó tan solo el año pasado, mas de 15 mil muertos.

En cuanto a la evolución histórica de este fenómeno, se tienen registros que grupos indígenas ya consumían hongos alucinógenos para sus ceremonias religiosas, pero es a principios del siglo XX con la llegada de los primeros grupos de Chinos, que el opio es introducido en México entrando principalmente por el puerto de Mazatlán. Estos grupos se dieron cuenta que las condiciones climáticas del estado de Sinaloa permitía el buen cultivo de esta planta y se desvió el uso de ésta; así fue como inició las primeras rutas de narcotráfico hacia los Estados Unidos. Con el paso de los años estas practicas se volvieron más comunes en el territorio nacional, extendiéndose hacia los estados de Durango y Chihuahua, los cuales junto con Sinaloa, forman el llamado “triangulo dorado” de producción y trafico de drogas. Estas practicas que en un inicio estaban limitadas a esta zona, poco a poco fueron extendiéndose a lo largo del territorio nacional al amparo y protección de militares, políticos y policías.

Si bien el narcotráfico como tal se consolidó en México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, fue hasta el régimen de Miguel De la Madrid Hurtado, a principios de la década de los ochentas, cuando florecieron los cárteles de las drogas y los poderosos capos del trasiego de estupefacientes, dando como resultado una cruenta lucha por controlar las llamadas narcorrutas. Es importante matizar que si bien es cierto antes del inicio de los gobiernos neoliberales en México ya existían grupos dedicados a este tipo de actividades, es a partir de 1982 con el desmantelamiento del Estado Benefactor, que esta serie de practicas se potencializaron.

De acuerdo al ultimo informe sobre el desarrollo mundial presentado por el banco mundial, las causas de la escalada de la violencia así como el clima de inseguridad que impera a lo largo y ancho del territorio mexicano, ya no puede ser entendido solo por su cercanía con los Estados Unidos, sino por una serie de políticas inoperantes del gobierno nacional incapaces de revertir los índices de pobreza y marginación que azotan a gran parte del país.

Dentro de los principales datos que arroja el informe del banco mundial, se precisa que las personas que viven en países afectados por la violencia enfrentan el doble de probabilidades de padecer malnutrición que los habitantes de otras naciones. Tienen, asimismo, 50 por ciento más probabilidades de ser pobres y sus hijos tienen tres veces menos probabilidades de asistir a la escuela.

Es curioso precisar que en el informe no se señala como elemento catalizador el uso del ejercito contra estos grupos criminales, sino se refuerza la idea que la guerra debe ser contra condiciones que permiten que estos grupos criminales se asienten, ya que si lo que se busca realmente es terminar con estos ciclos de violencia, el gobierno debe brindar a la población seguridad, justicia y empleo. Hay factores que generan incentivos para la violencia, según el estudio. Los países en los que la eficacia del gobierno, el estado de derecho y el control de la corrupción son insatisfactorios están entre 30 y 45 por ciento más expuestos al riesgo de guerra civil y son considerados más vulnerables al riesgo de violencia criminal extrema que otros países en desarrollo.

Finalmente toca el informe dos puntos importantes que permiten que esta serie de fenómenos se sigan reproduciendo en México: la desigualdad y la falta de oportunidades de los jóvenes. Como ya señalábamos, México es uno de los países más desiguales de América Latina, que es a la vez la región de mayor desigualdad en distribución del ingreso en el mundo, de acuerdo a lo señalado por indicadores como el coeficiente Gini. Otra causa interna que plantea el informe como detonantes de la violencia es el desempleo juvenil, y que de acuerdo a cifras de la Universidad Nacional de México, ronda cerca de los 7 millones de jóvenes que no estudian y tampoco tienen trabajo fijo y remunerado

Si el costo en vidas no fuera de por si elevado, de acuerdo a cifras dadas por el Secretario de Hacienda Ernesto Cordero, son más de 200 mil millones de pesos, lo que se ha gastado en esta lucha contra el narcotráfico, solo para poder tener una referencia, esta suma es mayor al gasto en educación preparatoria y universitaria de todo el país. Es decir, no solo nos encontramos en una guerra que produce serios daños colaterales, sino que además produce graves efectos directos e indirectos a la economía nacional, esto sin contar con que la percepción del mexicano es que estamos atorados en una guerra que se está perdiendo. En medio de esta serie de adversidades, quizás convendría en retomar algunas cosas que señala el banco mundial, y que son quizás más importantes que la guerra en sí, y son la pobreza y desigualdad en el territorio mexicano....(continua parte 2)