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martes, 23 de agosto de 2011

La crisis es del corazón


Es difícil no rendirse a la evidencia que la sociedad contemporánea esta cada vez mas carente de principios y valores. Difícilmente encontraremos una respuesta que pueda sustituir a tener una relación cercana, personal y real con Dios.

Se que para algunos esta perspectiva puede resultar un tanto anticuada y moralista, por lo que para fortalece mi argumento tendré que recurrir a la ayuda de mi viejo amigo Weber. 

Para Weber la ética protestante (religiosa si quieren)es uno de los fundamentos principales que permite el correcto desarrollo tanto de la burocracia, como del capitalismo. Estos fundamentos éticos son demostrables a través de las relaciones cotidianas, dando testimonio de lo que Calvino consideraba como la predestinación de las personas.  En otras palabras, no bastaba solo con tener una fe, sino que esta fe debía ser contrastada.  Weber consideraba que la ética de los grupos protestantes, permitía que el libre juego de la oferte y la demanda, se mantuviese ajeno a practicas desales con un afán acaparador de riquezas, y que estas prácticas, acompañadas de un sistema legal-racional, generarían un fenómeno que sería denominado como  racionalización instrumental. En resumen, el que todos los grupos tuvieran un objetivo en común, permitiría que las practicas llevadas a cabo, pudieran explicarse a través de procedimientos, generando esta instrumentalización de la vida en sociedad, un correcto desarrollo en las sociedades modernas.

Parece que el modelo descrito por Weber, ha sufrido cambios en el trayecto. Tanto el mercado como los gobiernos han continuado el desarrollo previsto, pero dejando en el camino los fundamentos éticos, que servirían como elemento cohesionador durante este proceso.

Vayamos por partes, si analizamos la construcción histórica de algunas de las principales potencias mundiales como son los Estados Unidos, Alemania, Suiza, el Reino Unido o los países escandinavos, nos daremos cuenta que son países fundados bajo estrictos principios morales y religiosos, pero que con el paso de los años, estos principios han sido sustituidos por concepciones que buscan exaltar la imagen del individuo, antes de la idea del grupo.

El documental Inside Job narra los sucesos que dieron como consecuencia la crisis mundial del 2008, crisis atribuible a la avaricia y al deseo de riquezas, que desencadenaron en el resquebrajamiento del sistema económico mundial. Pero no nos equivoquemos, esta crisis no comenzó en Wall Street, está crisis comienza cuando se sustituyen los principios de Dios en la sociedad, y se busca alcanzar la felicidad a través de las posesiones materiales, generando este proceso un permanente sentido de inconformidad, bajo la concepción errónea, que el vacío natural en el corazón del hombre, puede ser llenado por medio de las riquezas; como hemos podido darnos cuenta, esto genera un círculos vicioso interminable.

Pero hoy no quiero hablarles de los mercados, suficiente literatura hay al respecto, hoy quiero hablarles de los otros dos actores que casi siempre quedan olvidados, hoy quiero hablarles de la sociedad civil y del Estado.  Antes que continúes leyendo, quiero advertirte que si esperas encontrar que la culpa de la crisis mundial, está en los errores de los demás, es mejor que dejes de leer en este momento. Hoy quiero que nos miremos en el espejo y tratemos de encontrar las respuestas a las preguntas que nos hacemos día con día.

Reflexionando sobre el papel del gobierno, no cabe duda que los gobiernos mundiales han perdido rumbo y dirección tratando de introducir mecanismos de mercado en sus actuaciones, olvidando, como decían Denhart y Denhart, que su principal labor no es generar ganancias, sino construir democracias. Con esto no estoy diciendo que los gobiernos no deban preocuparse por mejorar su rendimiento, que por cierto debería ser un factor entendido y no la piedra angular de ningún proyecto, lo que digo es que la labor que realiza el Estado, difícilmente podrá ser entendida por los fundamentos del mercado.

El Estado tiene un función cargada de principios éticos y morales que van más allá de la simple provisión de servicios públicos; el Estado debe ser un generador de bienestar para sus habitantes; el gobierno tiene la función de establecer un sistema de valores que regulen la vida en sociedad; el gobierno tiene la obligación de subsanar las desigualdades que genera el mercado, mediante la protección de los grupos más desfavorecidos; el gobierno tiene la obligación de velar por sus habitantes, cuidarlos, protegerlos y defenderlos, cuando las circunstancias resultan adversas. No busquemos las respuestas a las preguntas sobre la función del gobierno en el mercado, no busquemos sustituir con fundamentos matemáticos principios éticos, si el gobierno sigue buscando respuestas en los mercados, continuaremos construyendo sociedades egoístas y cada vez más desiguales; no hablamos de un proceso de selección natural, no busquemos que el fuerte se coma al débil, el Estado debe generar oportunidades para que el débil pueda fortalecerse, y disfrutar una vida buena y agradable en sociedad.

Pero tampoco nos olvidamos del papel de la sociedad civil. La sociedad también ha perdido rumbo, acercándose peligrosamente a una sociedad civil en términos marxistas, y no a una sociedad que se preocupe por el bienestar de los demás. Seamos sinceros por un momento, ¿realmente existe una sociedad que se de la mano entre sí?, ¿alguien tiene la certeza que ante cualquier adversidad, la sociedad se preocuparía por el prójimo y le tendería la mano?. Yo no voy a responder esto, cada quien que forme sus conclusiones, pero sería difícil negar en los hechos que las sociedades se dirigen a una mayor diferenciación entre sí, y que de acuerdo a la teoría de sistemas de Parsons y Luhman, la exaltación del yo genera sociedades menos homogéneas, más individualizadas y que solo interactúan cuando reconocen la necesidad del otro para la consecución de sus fines, el panorama de seguir por este camino, no es nada alentador.

¿A qué podemos atribuir esta perdida de valores?, parece ser que hay muchas respuestas. Algunos podrán atribuirlo a una sobre exaltación del individuo, otros al aumento de las relaciones comerciales e individuales que vienen de la mano con la globalización, o tal vez a la adopción de visiones materialistas fundamentadas en principios absurdos, tendientes a asignar valor dependiendo de las posesiones materiales, y quizás haya otros que atribuyan esto, al papel pasivo de una iglesia mas preocupada por mantener sus beneficios, que de predicarle al mundo de un Dios vivo y real. Mientras nos hacemos más preguntas, el mundo sigue buscando respuestas.

Si nos preguntamos que buscan todos los seres humanos, más allá de las diversas respuestas que podremos encontrar, creo que coincidiremos en que todos buscamos alcanzar la felicidad, sin embargo, el pensar que todos los caminos nos llevan al mismo lugar, genera una serie de respuestas erróneas, que llevan al hombre a sentirse insatisfecho, cuando al alcanzar aquello que en su percepción era la felicidad, esta no logra satisfacerlo del todo.

Parece que en el afán de construir casas más bonitas, nos hemos olvidado de construir verdaderos hogares; da la impresión que en la búsqueda por mejorar las vías de comunicación, hayamos dejado en el camino, como construir relaciones. En la búsqueda de nuestra felicidad, nos hemos olvidado que existen los demás; nos hemos olvidado de la viuda, del huérfano, del que está desamparado. Nos hemos preocupado por tener tres carros, dos casas, una cuenta abundante en el banco y llevar la ropa de moda, pero al mismo tiempo nos olvidamos de disfrutar de la familia, de pasar tiempo con las personas que amamos, de valorar las cosas que Dios nos da día con día, de percibir lo verdaderamente importante, aquellas cosas que son tan valiosas, que no se pueden comprar con dinero.

Montesquieu decía que queremos ser más felices que los demás, pero que difícilmente lo lograremos por que tenemos la tendencia a imaginar a los demás más felices de lo que son en realidad. No digo que no nos esforcemos por tener mejores cosas, lo que digo es que no podemos determinar nuestra felicidad en las cosas que tenemos. Si no podemos disfrutar un pedazo de pan, ¿cómo podremos saborear un trozo de carne?, ¿cuánto vale un minuto con la gente que amamos?, ¿cómo cuantificamos un momento en la presencia de Dios?, ¿cuánto valor le das ver un niño o un anciano sonreír?, ¿cuánto cuesta tener paz en el corazón?. No te preocupes por tratar de encontrar una respuesta, te la digo yo, lo vale todo, y al mismo tiempo, paradójicamente, no cuesta nada. Dejemos ya de exaltar a las personas que tienen posesiones materiales, mientras juzgamos y criticamos al que es capaz de comprometerse a vivir una vida integra para con Dios y con los suyos, dejemos de tratar de alcanzar la felicidad acorde a lo que el mundo nos dice, estoy convencido que cuando lo logres, si es que algún día lo logras, te sentirás más vacío que al principio.

Concluyo diciendo, podemos consultar libros, leer publicaciones de premios nobel, adquirir conocimiento, escuchar discursos de políticos y leer libros de autoayuda, te puedo asegurar que en ningún lado vas a encontrar la respuesta. Tampoco tratemos de poner nuestra confianza en lo que harán los políticos mañana, te puedo asegurar que están igual o más confundidos que nosotros. Y al final, todos los caminos nos conducen a un mismo lugar, que curioso que mientras el mundo se plantea preguntas interminables, la única respuesta sigue estando en ese mismo lugar, en ese mismo monte y en esa misma cruz. En aquel hombre que hace más de dos mil años murió por amor a nosotros, dilo fuerte, dilo claro, en Jesús. Ya basta de callarnos, ya basta de ocultar nuestra fe, si algo puedo asegurar sin reticencias, es que el mundo necesita de Cristo, ya los gobiernos, sociedades y mercados han probado de todo, y en ningún lugar han encontrado las respuestas; es tan divertido ver como los científicos siguen buscando soluciones aún debajo de las piedras, generando en el proceso doctrinas cada vez más confusas, que ni siquiera ellos son capaces de aplicar, y que solo buscan ocultar la desesperación ante la impotencia de no saber explicar porque acontecen las cosas. Como nunca antes en la historia de la humanidad, se hace vigente el discurso de aquel que probó ser el camino, la verdad y la vida. 

Y mientras los minutos pasan, el mundo necesita desesperadamente las respuestas que solo pueden encontrarse bajo las alas de Dios. Si tu las has encontrado no te calles, y si aún no lo has hecho no se que estas esperando, estoy seguro que tu mundo te lo agradecerá, en esta vida, o en la eternidad…

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