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miércoles, 9 de marzo de 2011

Quién juzga al que juzga...


La humanidad ha cambiado mucho en estos últimos 20 años, somos parte de la generación 2.0, de la generación de la información y de la tecnología, lo que hoy sucede en un extremo del planeta en cuestión de segundos llegara a nuestras manos con tal solo apretar un botón. La información fluye con mucha rapidez y eso es innegable, pero a la par de este punto nos encontramos en una situación paradójica, somos una sociedad con mas información, pero al mismo tiempo mas desinformada. Consumimos solo los encabezados y creemos con una fe ciega lo que vemos pero no nos molestamos siquiera en indagar en la veracidad de la información, nos gustan las cosas rápidas y en el momento, quizás por eso cuesta tanto trabajo encontrar personas comprometidas con su entorno, somos una sociedad con mas opciones, pero con menos calidad en nuestras decisiones.

Dentro de los debates en la administración publica encontramos que no estamos ajenos a lo que pasa a nivel global, nos hemos vuelto enamorados de las modas. Pasamos de un gobierno burocrático, a un gobierno gerencial, no sin olvidarnos de la nueva gestión publica y por si a alguien le pareciera poco, tenemos también la administración publica deliberativa y las corrientes neo-weberianas. Para gustos los colores, solo es cuestión de escoger que traje queremos ponernos; al final esto puede ser bueno o no, el problema es que en lugar de centrar el debate en las cuestiones sustantivas hemos dirigido nuestra mirada a factores simplemente instrumentales, nos hemos sumergido en debates estériles y poco propositivos, y mientras tanto la realidad nos supera a cada instante.

De acuerdo con un articulo del diario the economist, el país latinoamericano con mayor insatisfacción por la forma en que funciona su democracia es México, por encima de países como Guatemala, Venezuela o Chile. Es preocupante observar como mientras mas se esfuerzan algunos gobiernos ( al menos en teoría), peor es la percepción ciudadana, es como si hubiéramos entrado en una espiral donde la relación gobierno y ciudadanía cada vez fuera mas distante. En otras palabras, da la impresión de que los ciudadanos no se sienten representados por los gobernantes, y que a su vez, los gobernantes no tienen idea de cómo se dirige eso llamado gobierno.

Esto ha generado un divorcio dentro de la sociedad. A los ciudadanos les importa muy poco lo que hacen sus gobierno, y mientras unos hacen como que gobiernan otros hacen como que escuchan. Más allá de discusiones académicas, creo que el papel del gobierno esta mas que estudiado, pero ¿que pasa con la sociedad?, ¿es que acaso nosotros no tenemos parte de culpa en lo que esta sucediendo?. La respuesta puede herir susceptibilidades, pero creo que ya es tiempo que veamos al espectáculo también desde la otra barrera. Es cierto que muchos gobiernos no hacen nada, es verdad que muchos gobernantes son corruptos y eso ha generado que la ciudadanía se sienta separada de sus autoridades, pero ¿qué pasa en aquellas sociedades donde el factor gobierno no es el elemento a corregir?, ¿qué pasa en aquellos estados que cuentan con una administración publica eficiente y con medios de participación política modernos y cercanos?, ¿qué pasa en aquellos lugares donde existe una buena gobernanza?. Considero que poco y nada, ya que de acuerdo a diversos estudios, la percepción del ciudadano sigue siendo negativa incluso en países con indicadores de calidad de la democracia muy altos. Hemos confundido el remedio con la enfermedad y hemos visto a la administración publica como una solución en si y no solo como lo que es, una parte más de un problema mayor, hemos confundido los síntomas. El gobierno es una parte fundamental dentro de la sociedad (incluyendo la parte política y la parte administrativa del ejercicio gubernamental) pero no es un todo, y dentro de este análisis se nos ha olvidado que si existen gobiernos corruptos es porque existen sociedades corruptas, que si existen gobiernos ineficientes es porque se les ha permitido, en resumen, creo que para que se den los cambios que necesitamos, el gobierno debe participar como un elemento clave pero no definitivo, porque por mucho que el gobierno se esfuerce o no, si dentro de este cambio no se incluye una renovación y una revalorización de la sociedad, llegaremos a un punto donde nos daremos cuenta que este esfuerzo será insuficiente, el cambio inicia por todos, ya es tiempo de sustituir el yo y pensar en el nosotros.

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