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miércoles, 26 de enero de 2011

Los ciudadanos inconformes

Son las 8:45 de la mañana de un 20 de noviembre del 2010, los 4 grados son una señal inequívoca que el invierno se acerca con fuerza, sin embargo tengo que hacer cola para realizar mis tramites de empadronamiento. Trato de leer un periódico el cual me ayude a mitigar el frío y los quince minutos de espera hasta que abran las puertas, a lo lejos veo una silueta de un alma caritativa que tiene la decencia de abrir antes. Son las 9 de la mañana, un señor con cara de oficial alemán nos dice que las labores han iniciado, lamentablemente para mi, antes que yo hay unas 20 personas, lo que debido a mi experiencia, me hace dudar un poco del tiempo que estaré en esta oficina, sin embargo al mirar al fondo del pasillo me doy cuenta que ya hay mas de 15 mesas abiertas para iniciar los tramites; 15 minutos más tarde me retiro después de una visita express a una dependencia española.

Hoy hace un poco más de calor, 16 grados para ser exacto, y me dispongo a hacer ejercicio. Justo enfrente de mi departamento hay un centro deportivo municipal, el cual cuenta con una cancha de fútbol sintético valorada en un millón de euros, algo así como 16 millones de pesos, una alberca techada con calefacción y jacuzzi, un gimnasio de 3 pisos, 4 canchas de tenis, 4 canchas de padel, dos canchas de basquetbol y dos canchas de fútbol sala, nada mal para ser un centro municipal. Después de hacer un poco de estiramiento y de esperar de manera infructífera para jugar un rato fútbol, escucho a lo lejos un comentario que parece ser común en los últimos días, vaya mierda de instalaciones.

Creo que no hay recetas mágicas ni secretos para recomponer la administración pública, a pesar de que cada día aparezcan mas y mas gurus que tratan de venderle a nuestros gobiernos la pócima maravillosa, la realidad me demuestra que lejos de construir bases solidas, al único punto común que llegan los teóricos, es que esto pasa más por un ataque de cordura a que alguien encuentra la formula del alquimista. Llamemos esto como queramos, lo cierto es que el futuro de la administración pasa más por formar políticos íntegros y congruentes, es decir, cambiar el énfasis que se ha puesto en los modelos y mirar un poco más a los que alimentan los modelos, por eso me atrevo a formular la siguiente hipótesis, para que un modelo sea exitoso, debe ser alimentado con las variables correctas, sin embargo un modelo que puede no ser el ideal, si los agentes que lo nutren son los correctos, puede desenlazar en un resultado favorable, pero repito, esta es una hipótesis. Mientras miles de especialistas se rasgan las vestiduras en las aulas estudiando las políticas publicas nos hemos olvidado de un factor fundamental, y este es el ciudadano. 

Si hay algo que me molesta sobremanera, son las personas que no valoran lo que tienen; tienen un auto, quieren una pickup, tienen una casa de 2 pisos, quieren una de 3, con esto no estoy diciendo que debemos conformarnos, lo que si estoy diciendo es que es imposible una evolución sin antes existir una reflexión. De la perspectiva técnica racional de Webber, a la perspectiva tecnocrática neo liberal de Thatcher, nos hemos llevado entre las patas a los ciudadanos, ese termino tan ambiguo que hoy incluso es difícil de ubicar; ¿que somos los ciudadanos?, ¿somos una pieza más en este juego?, ¿somos clientes de un gran supermercado llamado estado?, ¿que somos?. Estas preguntas son cada vez más recurrentes, sin embargo poco a poco vamos olvidando que el sentido y el destino de toda esta serie de reformas tiene como objetivo hacer una administración eficiente, pero también una administración inteligente. 

Uno de los problemas de los modelos gerenciales es que se ha limitado el papel de los ciudadanos a ser simples clientes. Cuando vamos a una tienda sabemos que tenemos ciertos derechos, pero que al ser simples clientes, estos derechos no están tanto en mi sino en los dueños de la tienda. Es algo similar al debate eterno entre el derecho natural y el derecho positivo, ¿es el estado el titular de los derechos y los otorga a los ciudadanos, o simplemente tiene la función de resguardarlos y son los ciudadanos los que lo empoderan?, no vamos a tratar de resolver este dilema aquí, pero a lo que voy es que uno de los problemas al tener esta perspectiva clientelar de los ciudadanos es que perdemos el enfoque por el cual existe una administración del estado, el gobierno no es ese ogro que quiere hacerme la vida imposible, pero tampoco es el mayordomo al cual puedo hablar las 24 horas del día si se me poncha una llanta. Esta visión confunde y genera falsas expectativas en los ciudadanos, por una parte aparenta que sus deseos son ordenes, pero por otra parte los reduces a simples clientes, lo que en teoría debería reforzar al ciudadano, lo ha debilitado al máximo, y al final ha generado un problema muy grande, hemos creado ciudadanos inconformes, ciudadanos a los que nada es suficiente y a los que no importa lo que hagas nunca será lo totalmente bueno que ellos se merecen; ningún extremo es bueno, ni es nada ni es todo, el éxito de las nuevas administraciones consistirá en gran medida en establecer el justo equilibrio entre un ciudadanos más y un cliente de supermercado.

Después de escuchar los comentarios de mis amigos españoles me fui a casa, y me puse a pensar, como quisiera tener en mi ciudad estos servicios, que gratificante sería ir a una dependencia sabiendo que no perderé en un tramite simple el resto de mi día, o que los jóvenes puedan tener lugares dignos donde practicar algún deporte y después de reflexionar esto llegue a una triste conclusión, creo que si los tuviéramos, reaccionaríamos de la misma forma.

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